jueves 25 de noviembre de 2010

Las narraciones del Ing. Pompilio Ortega acerca del Padre Subirana

Principia el Ing. Ortega con “El Misionero”, en el que afirma: “Tenía que suceder”, dicen las viejecitas. “Así lo anunció El Misionero”, sin admirarse de lo que ven, pues aseguran que todo lo que sucede fue profetizado por él, y que todo cuanto dijo era la purísima verdad…. Este hombre tenía un poder de atracción extraordinario y por muchos motivos puede colocársele entre los humanos de espíritu vidente, que tienen el don de profetizar y adivinar lo que ha sucedido…”

Entre las historias cuentan las siguientes:

“El Misionero y Ña Leona.”

Esta señora había seducido a un hombre casado, con quien vivía maritalmente en Opoteca, Depto. de Comayagua. Al llegar el Misionero, ella se alejó del lugar… Cuando iban para otro lugar el Misionero dijo a los acompañantes: “tened cuidado, que pronto nos encontraremos con una pantera: es una leona”. Por la vuelta del camino vieron asomar a Ña Leona, que venía de huir. Allí viene, dijo el Misionero, y se quedó en silencio hasta que ella estuvo cerca. “Mujer, le dijo: no mal te pusieron Leona”. La señora le pidió perdón. “Anda, le dijo, devuelve su marido a aquella mujer y su padre a aquellos hijos”.

“El Misionero y el hechicero”.

En el pueblo de Ojos de Agua, Depto. de Comayagua, había un hombre a quien todos temían porque practicaba la Magia Negra y era hechicero en toda forma. Dicen que iba a la iglesia a solas para cortar pedacitos a la piedra de Ara; que se hacía lechuza, coyote y hasta hormiga; era, en una palabra, el terror de aquellas sencillas gentes… Gracias a la intervención del Misionero, el viejo dejó las hechicerías.

“Profetizó la venida de extranjeros”.

“No pasarán cincuenta años”, les decía, “sin que este bello país de ustedes sea invadido por extranjeros de todas las naciones de la tierra: los sajones, los chinos y los judíos serán los primeros. Aseguren sus propiedades ejidales para que siempre tengan donde trabajar en común; porque los dueños de los terrenos los venderán a los extranjeros a cambio de oro. Uds. se descuidan, por la facilidad con que viven, pero día vendrá en que todo será distinto; necesitarán mucho dinero para sostener la vida, y eso lo obtendrán a cambio de sus fértiles tierras, que pasarán a poder del extranjero. Trabajen y dejen los vicios para que no vallan a perder su bella tierra”.

“El Misionero y los Indios”.

Donde fue verdaderamente admirable el Misionero, fue en la región de Yoro y Olancho, con los indios xicaques y payas. Por miles bajaban hombres, mujeres y niños a donde él estaba, para ser bautizados. Unos decían que venían a donde él porque habían soñado, otros porque lo habían adivinado, otros porque veían a sus amigos venir hacia él, y así por el estilo.

El misionero les enseñó a vestirse, a leer y a creer en Dios. Cuentan que cuando quiso bautizar al cacique Cohayatlbol, éste y el sacerdote tuvieron una larga discusión. El cacique le decía que a él le convenía creer en Malotá (Dios del Mal) mas que en el Dios de los cristianos, porque el primero nada le prohibía, mientras que el segundo le restringía sus derechos. El Misionero hizo que le diera un fuerte dolor de cabeza y después le preguntó: ¿Te ha dolido la cabeza alguna vez? —En estos momentos me duele más que nunca, dijo el cacique—. Si te dejas bautizar, agregó el Misionero, ese dolor se te quitará inmediatamente. Cohayatlbol se admiró tanto de aquel milagro, que le dio permiso para bautizar a toda su gente. Esto sucedía en las proximidades del nacimiento del río Cuyamapa. En un bello paraje al pie de las montañas de Pijol: extensas sabanas verdes, pinares espesos combinados con los bosques de liquidámbar; todo fragante, fresco y vivificante. En este lugar se encuentra la aldea de Subirana, para cuyos habitantes el recuerdo de aquel hombre constituye la mejor página de su historia.

EL MISIONERO CASTIGA A UNA MUJER DESNATURALIZADA

Terminada la misa, pues no hubo sermón, llamó a una señorita de aquel pueblo por su nombre. “Fulana de tal pase a las gradas del altar”, dijo el Misionero, sin bajarse del púlpito. Esta obedeció. El Misionero dijo a los fieles que lo siguieran y toda la procesión se dirigió a unos cerros vecinos; llegando por fin a un sitio pedregoso… El Misionero, dirigiéndose a la desfallecida mujer, le dijo: “Levanta esa piedra”. La mujer no podía levantarla… El Sacerdote le dijo: “Ayer tuviste fuerza para colocar esa piedra donde está y hoy no la puedes levantar, haz un nuevo impulso, pues Dios quiere libertar tu conciencia y salvar a este pueblo de un gran peligro”.

La mujer levantó la piedra, bajo la cual estaba enrollada una enorme culebra. Tómala en tus brazos, dijo el terrible juez… Tan pronto como el diabólico animal estuvo en sus brazos, levantó la cabeza que se prendió en uno de los pechos de la señora.

“Todos a la iglesia”, dijo el Misionero y entonces la procesión fue encabezada por la señora que amamantaba la serpiente. Cuando estuvieron de regreso, el padre ordenó a la señora que colocara la culebra en una esquina del templo, y principió un sermón en el que condenaba la conducta de ciertas mujeres que por salvar efímeras apariencias sociales, asesinan a los hijos… Al terminar, se dirigió a la señora en estos términos: “Toma tu hijo. Vete a darle sepultura en el lugar donde se entierra a los cristianos y da gracias a Dios, que por mi medio te has librado de la vida de amargura que te preparaba tu conciencia”. La estupefacción fue general cuando al dirigir las miradas hacia el lugar donde habían colocado la culebra, vieron a un niño con moretes en la garganta, estaba muerto, manos infames lo habían estrangulado…

“El Misionero en Esquías”.

Llegó a hospedarse en casa de Escolástica Flores. A poco de haber llegado, llamó a la señora y le dijo: “Tu hija Clara ha sido invitada para un baile esta noche, ¿verdad?”. Sí, señor, contestóle Escolástica. “Pues no la dejes ir”, terminó el Misionero. La muchacha fue al baile, sin que lo notaran. El Misionero le dijo a la señora Flores: “Prepárate para entre nueve meses”, y así fue.

El Misionero y la Legión.

En una ocasión dijo a los habitantes de Esquías, que en aquel lugar había una legión de espíritus malos; que era necesario hacer una plegaria general para conjurarla, que todos los vecinos fueran a la iglesia al siguiente día. En el momento en que el Misionero hacía la imprecación, oyeron un ruido semejante al retumbo de un volcán que hace erupción y se sintió un fuerte temblor de tierra…; pero a una palabra del Misionero todo quedó en calma…

“Apersoga una mujer en la plaza”.

Existía en aquel pueblo una señora casada que había abandonado a su marido para irse a vivir en concubinato con su padrastro. El Misionero la mandó a llamar, y como ella negara lo que hacía, dando muestras de disgusto y falta de respeto, el Misionero la mandó apersogar en el centro de la plaza, diciéndole: “Bestia humana, así permanecerás esta noche, y ya verás lo que está reservado para todas las de tu clase”. A eso de la media noche se desató un huracán horroroso… Al día siguiente vieron a la mujer, ya sin el lazo, dirigirse a casa de su marido, sin explicar a nadie lo que había visto en aquella horrible noche.

“Como aquél que multiplicó los panes”….

En la aldea de Rancho Grande, entre Esquías y El Espino, existía el rancho público más grande de la vía. Al llegar a este lugar el Misionero, quien por mucho tiempo fue asistido por el señor José de la Cruz Hernández, vecino de El Espino (San Jerónimo, Depto. de Comayagua), oyó que éste le decía: ¿Qué haremos con toda esta gente en este lugar donde no hay dónde comprar comida? —“¿Qué tienes en la cocina nuestra?”, le preguntó el Padre. “Nada más que un poco de arroz”, replicó el cocinero. “Pues ponlo a cocer y les das”, y continuó aquél, al parecer ignorante que el arroz no era más que unas cuantas puñadas. El cocinero lo puso a cocer, y todos comieron, sin que faltara para nadie.

“El novio que intentó engañar al Misionero”.

Lo que era de cajón en cada lugar donde el  Padre Subirana llegaba, eran los casamientos. Ruedas interminables de contribuyentes, viejos y jóvenes… El ciudadano Domingo Cruz, abuelo materno del profesor Augusto Urbina, formaba parte de una interminable rueda de aspirantes a matrimonio, en Sulaco. Contaba el señor Cruz que al llegar con la vista hasta donde cierto sujeto, le dijo: “Esa no es la que será tu esposa, anda y entrega esa niña a sus padres y vuelve mañana con fulana de tal, a quien debes tomar por esposa. ¿Qué creías que iba a hacer ella para criar esos cuatro hijos que con ella tienes? El mencionado sujeto obedeció.

“La ciudad subterránea”.

A muy avanzada edad murió hace pocos años don Francisco Durón, hijo de don Lucas, el mismo de los Guacos. Contaba don Chico que su padre había ido con la comitiva de cueveños, hoy trinitecos, a dar un paseo por una ciudad subterránea cuya entrada se abría al lado norte del cerro Casque, invitado por el Misionero Subirana. (En el Depto. de Comayagua).

“Admirables consejos”.

Lo primero que el Misionero Subirana hacía al llegar a un pueblo, era aconsejar a sus habitantes que permanecieran en él, si le parecía situado en un buen lugar, o que le abandonaran si adivinaba un futuro peligroso. Muchos pueblos se cambiaron de localidad y otras tantas aldeas se fundaron por su iniciativa.

La muerte del misionero

Para morir, el Misionero Subirana escogió la casa de un enemigo suyo. Cuentan que en las proximidades de Santa Cruz de Yojoa, vivía un hombre para quien el nombre del Misionero era una continua pesadilla. Siempre hablaba mal de él y terminaba diciendo: “Le odio, le odio; si le viera de cerca acabaría con él”.

El Misionero dijo a sus indios que les dejaría porque ya se acercaba el fin de su vida y le faltaba que hacer una conquista. Ellos lloraron su ausencia por largo tiempo.

Llegó a la casa de su gratuito enemigo, y en cuanto lo vió, lo llamó por su nombre, diciéndole: — “He escogido tu casa para pasar los últimos momentos de mi vida sobre la tierra, que por cierto ya están muy cerca”. El hombre olvidó completamente su odio y prodigó al Misionero toda clase de atenciones.

“La Fuente de Subirana”.

El último milagro que hizo estando en esta vida aquel hombre extraordinario, fue cerca del lugar donde murió en El Potrero de Oliva. Cuentan que el antiguo enemigo en cuya casa se hospedaba, se disgustó por la aglomeración de gente en su casa, especialmente porque el agua les quedaba lejos. Al notar eso, el Misionero le dijo: “No te apures por eso, que de dejaré una fuente aquí cerca de tu casa”, y saliendo al campo, escarbó el suelo con el dedo y de allí brotó una fuente de agua… Es la Fuente de Subirana….

“Palabras y Sonrisas, una semana después de muerto”.

Cuando su última hora fue llegada, dijo al nuevo amigo que su deseo era que su cuerpo fuese enterrado en la iglesia de la ciudad de Yoro. Una inmensa procesión de indios vino de todas aquellas montañas a cargar los queridos restos. Cinco días duró el viaje y era sorprendente la liviandad del ataúd. A pesar de que esto sucedió en la época de lluvias ni una gota de agua cayó donde ellos iban; los aguaceros caían a su alrededor, pero nunca sobre los que lo llevaban, y el cuerpo del Misionero, en vez de descomponerse como los otros humanos, despedía un perfume de rosas. Entre llantos y frase cariñosas, entró aquella procesión fúnebre en la iglesia de Santiago de Yoro. El cura de la parroquia hizo abrir el ataúd para ver por última vez el rostro de aquel hombre maravilloso, dando en sus labios inertes un suave beso de despedida. El Padre Subirana abrió los ojos y con una sonrisa en sus labios yertos, le dijo: “Siete años después de haber depositado mi féretro en esa fosa abrirás mi sepulcro y encontrarás un tesoro”. Y cerró sus ojos azules, esta vez para siempre.

“Guacos en una procesión funeraria”.

La parte cómica en las tradiciones que con tanta veneración recuerda nuestro pueblo acerca del Misionero Subirana, la forman las inevitables orejeadas que daba a los amigos de la Magia Negra. “Mi tata quien sabe que tenía, no ve que él fue uno de los que orejeó el Misionero, por brujo, y eso de los guacos en su entierro, nada que me ha gustado”. Este era el epílogo de un cuento que una buena señora contaba a mi madre, cuando yo todavía era un muchacho.

“A principios de este siglo [XX] murió en el caserío de la Meseta (La Trinidad, Depto. de Comayagua) un anciano a quien yo conocí… Desde que don Lucas entró en el período de agonía, principió a reunirse gran número de guacos en la arboleda vecina, poniendo una nota casi tenebrosa con su agorero canto: “ya ca-bó…… Ya ya ya cabó”. Aquellas aves no se retiraron hasta que salieron con el difunto para enterrarlo en el cementerio de pueblo, y los guacos volando de rama en rama acompañaron la procesión fúnebre, o mejor dicho formaron otra que en vez de caminar por el suelo, volaba por el aire, y los macabros graznidos no cesaron hasta que el difunto fue cubierto de tierra… El guaco nuestro es el mismo Yacabó del Orinoco, especie de gavilán….

Fuente: Patrios Lares, por Pompilio Ortega. Visto en El Misionero Español: Manuel Subirana, de Ernesto Alvarado García. 1964.

miércoles 24 de noviembre de 2010

El Padre Manuel de Jesús Subirana, Misionero Español en Honduras

Por Luis Mariñas Otero

Toda la extensa zona donde ejerció su actividad Subirana, unos 50.000 Kms. cuadrados, lleva su huella. Organizó a los indios de la región, dispersos en las selvas, en pueblos para los que consiguió del General Medina tierras de buena calidad.

La actividad primordial de Subirana, durante los ocho años que residió en Honduras fue la Misionera, en la que encontró un terreno casi virgen. En Luquigüe, departamento de Yoro, había existido durante un siglo un importante centro misional de los franciscanos para la evangelización de los jicaques, pero a partir de 1826 se suspendió el envío del modesto subsidio de 664 pesos que se remitía de Comayagua para sus sostenimiento y en la época de Subirana la Misión había desaparecido. Ejemplos similares se multiplicaban en el resto del país.

Así en el Archivo Parroquial de Comayagua se conserva una autorización, de fecha 17 de diciembre de 1858, para que construya y bendiga Ermitas y cementerios de nueve pueblos “para que los 4.345 indios toacas, payas y hicaques que el señor Misionero Presbítero Don Manuel Subirana ha instruído y bautizado en los Departamentos de Olancho y Yoro puedan ir acostumbrándose a los actos religiosos”.

Considerado por todos como “benemérito de la instrucción Pública” años despues, un Presidente, nada sospechoso de clericalismo, Paz Barahona, ordenó colocar el retrato de Subirana en el Salón de Honor de la Escuela Normal de Tegucigalpa, en atención a los servicios que prestó a la educación de Honduras.

Pero no solamente ha pasado a la posteridad el recuerdo de Subirana como catequizador nuestro. Su labor entre los indios de Yoro, Olancho y la Mosquitia no se limitó a lo espiritual sino que, en una época en que el Gobierno estaba lejano y sus representantes en las zonas atrasadas del país tenían poderes casi omnímodos, la actuación del Padre Subirana rebasa las fronteras de lo religioso y educativo para ocuparse del bienestar material y del progreso de las comunidades indígenas donde misionó.

Consiguió del Gobierno del Presidente Medina tierras para sus feligreses, realizando así una obra eficaz en bien de los mismos, que nos resume el Dr. Vallejo de esta forma:

“A pesar de que ha transcurrido tiempo considerable desde la muerte del padre Misionero, no ha habido ningún sacerdote de esta Diócesis que haya sentido la tentación de seguir tan noble ejemplo, no obstante de que hay algunos con pretensiones de inteligentes y virtuosos, razón por la cual las conquistas hechas por el padre Subirana, no solamente no han progresado, ni conservándose siquiera, sino que casi están perdidas.

“El padre Subirana con el principal objeto de despertar en los indios selváticos el amor a los trabajos agrícolas y crearles de esta manera intereses permanentes, y emanciparles de la ignorancia por medio de la instrucción, pidió al gobierno varias concesiones de terrenos que se otorgaron en legal forma, y que se encuentran en el Archivo Nacional, con los nombres de Anisillo, Agua Caliente, Camalote, Candelaria, Guajiniquil, Jimía, Ojo de Agua, El Pate, Palmar, Pintada, Santa Marta, San Francisco, Las Vegas y Tela.

“Muerto Subirana, que fue una desgracia y materia de dolor para los indios, olvidándose de ellos los directores de las cosas espirituales, el Gobierno del General Medina dispuso que los Gobernadores Políticos del Departamento fueran curadores de los indios y administraran el producto de sus trabajos.

“Este nuevo cargo conferido a los Gobernadores de la sección de que me ocupo, fue por algún tiempo manzana de discordia entre los pro-hombres de la ciudad de Yoro y del Departamento, por las especulaciones, a que se aseguraba se prestaban las guardas o curadurías. Afortunadamente todo esto ha desaparecido y los aborígenes han mejorado un tanto su lamentable situación”.

El 27 de Noviembre de 1864 a los ocho años de su incansable actividad en Honduras murió el Misionero, tan pobremente como había vivido, en un caserío cercano a Santa Cruz de Yojoa, el Potrero del Olivar, que el pueblo bautizó con el sublime nombre de Subirana del Olivar que el uso ha consagrado…

Fuente: El Misionero Español: Manuel Subirana, por Ernesto Alvarado García. 1964.

martes 23 de noviembre de 2010

Leyenda del Lago de Yojoa

Lago de Yojoa

Por Jesús Aguilar Paz

De la dilatada llanura del tiempo, de donde las rosas negras de lo ignorado hoy, cubren los reinos muertos de lo que fue, viene esta raíz de oro que se llama Tradición del Lago de Yojoa: aroma de sepultada civilización, vislumbre de mortecina luminaria, que añora en nuestra alma otros avatares, guardados entre perfumes y mirras del embalsamado espiritual de los siglos.

Luz auténtica de la que alumbró las fogatas de Copán grandioso, de los que encendió el alma acrisolada de los Mayas, es esta leyenda que una vez oímos de boca de los contadores de cuentos en los caminos reales, de esos buenos hombres trabajadores, que cual archivos vivientes ponen bajo su cabeza, para dormirse, la suave seda de los pasajes encantadores, de los que es este mundo y ha sucedido, de los mozos que trabajando materialmente durante el día, no se olvidan del menester espiritual, por la noche.

Pues es tiempo de saber ya, que en el espacio que ocupa actualmente el Lago de Yojoa, se extendía una bellísima población, asiento de un poderoso Cacique, padre de tres hijos: un varón y dos mujeres, codicia éstas de mancebos apostados y bizarros, cuya fama de bellas y adorables, traspasó los umbrales del reino de Copán. Los Príncipes de aquel rico como poderoso reino, percatados de que estas niñas estaban en flor y que la primavera del amor reventaba por sus encantos corporales, dispusieron de las malas artes de una vieja bruja a falta de las buenas y nobles del verdadero amor, para poder robárselas, como medio fácil para ser dueños de las flores que embalsamaban el pensil que media entre los picos de Meámbar y el majestuoso Maroncho o Sta. Bárbara.

Consumado el rapto, al influjo de los poderes mágicos, el noble padre, desesperado por el robo de sus Princesas, dispuso inconsolable mandar a su hijo en busca de sus dos pobres niñas secuestradas en la ciudad real de Copán.

Aunque la empresa era peligrosa para el héroe que la desempeñara, este hermano de las raptadas no se arredró y al efecto, con el mayor sigilo, realizó su éxodo, hacia donde el sol se pone, cruzando ríos caudalosos, montañas inextricables y tierras de enemigos, todo lo cual logró efectuar sin que le pasase nada, hasta que al término de aquella luna, salvó las guardias que velaban por la floreciente ciudad maya Copán.

Pesquisando con el mayor tino, al fin averiguó a punto fijo, el lugar donde guardaban los Príncipes a sus hermanas, habiéndose disfrazado para frecuentar los lugares públicos, de indio vasallo de los copánides. Mas, viendo que le era imposible libertar a sus hermanas, por medio de la fuerza, aplicó sin saberlo, el dicho nuestro, de fuego contra fuego, es decir empleando las mismas armas que indecentemente usaron los magnates de Copán.

Una vieja bruja, enemiga de la que había prestado ayuda a los Príncipes, para consumar sus planes, supo por arte secreto, la misión del hijo del Cacique de Yojoa y buscándole, le encontró, ofreciéndole acto continuo ayudarle en su laudable cometido. Hizo la bruja ciertas cábulas, que dieron por consecuencia una maravilla: el encerrar a las dos Princesas raptadas en un huevo, para mayor comodidad en llevarlas a su país natal, huevo que fue entregado al joven príncipe de Yojoa, con la recomendación de conducirlo muy cuidadosamente, hasta llegar al palacio de su padre; que ya puesto allá lo quebrara en la cabeza encanecida del ofendido Cacique, que en hacerlo, saltarían las dos Princesas buenas y salvas a su lado.

Lleno de júbilo el joven emprendió su viaje de regreso, salvando todos los inconvenientes de la ida. Después de mucho andar, como dicen los cuentos, logró divisar su ciudad querida, rebosante de alegría. Pero desgraciadamente aconteció que al tiempo de ascender las gradas del palacio de su padre, del contento indescriptible, tropezó cayéndose y quebrando el valioso huevo, que en una mano conducía, con el mayor cuidado.

Entonces fue grande la pena de su corazón y el llanto desesperado de todo el mundo; mas, pasó con el contenido del encantado huevo no secaba y mas bien iba en aumento la humedad, hasta tener el aspecto de un charco de agua clara, visto lo cual por todos fue objeto de veneración, admiración y escrupuloso cuidado.

Día a día amanecía el pozo más grande y luego tuvo el aspecto de un precioso estanque. Y así, sucesivamente, fue en aumento, hasta que inundando la ciudad, la cubrió por completo, motivo por el cual, las ruinas de la población, existen en la actualidad en el fondo del lago. De esa suerte quedó formado el lago en la extensión que se le conoce.

El Príncipe heraldo participó del encanto, pues se afirma que encerrado por las aguas del lago, se convirtió en hermoso lagarto de oro, que se encarga de cuidar de las princesas, convertidas también en dos bellas sirenas, que hacen el prestigio del precioso Lago de Yojoa. Toda esta desgracia sucedió por haberse verificado el rapto de las dos hermanas, codiciadas por su extraordinaria belleza y quizá por la venganza de la vieja bruja burlada; la leyenda nada dice al respecto y yo tampoco.

De las ruinas de la ciudad, sólo quedaron libres de las aguas, las que el viajero puede contemplar hacia el lado de Los Naranjos, al norte del gran depósito de agua.

Y terminando este cuento, me meto por el hoyito de un fusil, para que tú, lector, me cuentes mil…

Fuente: Tradiciones y Leyendas de Honduras, por Jesús Aguilar Paz. Visto en Canasta Folklórica Hondureña, de Eduardo Sandoval.

lunes 22 de noviembre de 2010

El Ángel de la Balanza (cuento de Navidad)

Por Alejandro Castro, hijo

Es fácil leer en los ojos de los niños las fantasías que hacen ronda en sus cabecitas, cuando se asoman a las vitrinas iluminadas,  donde la Navidad desparrama su pequeño y florido mundo. ¡Quién no los ha visto transportados a ese universo mágico que se mueve según sus propias leyes y tiene conceptos propios de la dimensión y del color! La vitrina es una ciudad de juguete por cuyos misteriosos vericuetos deambula la personalidad íntima del niño, absorbiendo intensamente todo lo que hay allí de maravilloso o increíble, disfrutando con todas sus fuerzas emotivas de una realidad que solo él comprende y que es tan válida como la otra —la que se extiende fuera de ese recinto embrujado de paredes de vidrio— pero más deseable porque no conoce el desencanto.

Si el niño tiene esperanzas fundadas de posesionarse de las prendas que relucen en ese bazar de ensueño, su mirada brilla con el gozo anticipado de la conquista. Si es de la grey cuitada de los que nacieron con el sino de ver convertidos en imposibles sus menores deseos, entonces despedirán sus ojos un rayo apasionado y ardiente que es como luz sideral que envía una lejana nebulosa en la cual empieza a formarse el vórtice del resentimiento. El héroe de nuestra pequeña historia era de estos últimos.

Pongamos que tuviera diez años, edad en que la vida se sirve revelarnos ya que el mundo está integrado con fuertes dosis de amargura. Digamos que era lustrabotas, o que se ganaba el sustento “haciendo mandados” o “metiendo leña”, porque es imprescindible para los efectos de su pequeña aventura que el muchacho disponga de un pequeño capital. Lo concreto es que a esa temprana edad ya podía pagarse su vestido y su alimentación, como sucede con tantos niños de este país que tienen por madrastra a la miseria. Este jovencito, todo un hombre de pueblo, no disponía de más socorro que el muy liviano que podía prestarle su madre, humilde señora a quien se le iba la existencia entre los ajetreos del “planchar ajeno” o “el servir” en las casas acomodadas, o el lavar en el río. Él y su madre eran dos pobres náufragos agarrados a la tabla de salvación de trabajos infames y mal remunerados.

Nuestro héroe —a quién estamos tentados de llamar Ángel, por lo que en esta historia llevó a cabo— andaba alborotado con la llegada de la Pascua. Las tiendas habían abierto sus escaparates como si fueran puertas de entrada a un mundo extraterreno donde aviones de alas purpurinas planeaban con sus cuatro motores sobre trenes argentados; ejércitos de indios pieles rojas esperaban en sus cajas el grito de batalla; arcos y flechas se ofrecían al osado cazador y revólveres con mango de concha nácar dormitaban en sus fundas, invitando a la lucha de vaqueros y bandidos. Ángel —pues ya hemos aceptado este apelativo para protagonista— pasaba y repasaba frente a los mostradores, preguntándose cuánto costaría ese tanque o aquel hermoso autobús. Por la noche, dormido plácidamente en su catre, se convertía en piloto de un avión a chorro o en conductor de una vertiginosa motocicleta.

Y, no obstante, fue un personaje casi insignificante, un ente anónimo de la sociedad jugueteril, quien capturó todas las simpatías del pequeño. Era un señor de nariz colorada, ojos picarescos, sombrero ladeado y traje a cuadros, cuyas rayas multicolores revelaban una elegancia algo arrabalera pero pintoresca y enérgica. Cuando se le daba cuerda al fulano empezaba a caminar cual si estuviera ejecutando una danza grotesca, miraba a uno y otro lado con sonrisa cínica y temblaba espasmódicamente como si lo sobrecogiera el baile de San Vito. Ángel se moría de la risa siempre que los dependientes ponían en movimiento al inquietante personajillo y se formulaba el voto de comprarlo a toda costa. ¿Imaginan ustedes el triunfo de soltarlo a caminar en la rueda de amigotes que todos los días se reunían en el parque? Los aires que podría darse cuando le dijeran: ¡Dale cuerda! ¡Dale cuerda! Es claro que sus compañeros lo iban a considerar como el pequeño empresario, al afortunado manager de un artista estrambótico que derrochaba a su paso el mar de la gracia.

—¡Voy a ahorrar!— dijo Ángel. ¡Voy a comprarlo!

Y en lo sucesivo fue guardando una parte del producto de sus “lustres”, de sus “mandados” y de sus “metidas de leña”. Conservaba su pequeño ahorro metido en el nudo de un pañuelo y primero le hubieran arrancado la vida que su oculto tesoro.

¡Qué bonita parecía la Pascua el día en que se encaminaba a la tienda apretando el fruto de sus penas bajo el bolsillo del pantalón! Llevaba consigo el precio del juguete y sentía por todo el cuerpo el extraño gozo de quien va a rescatar a un prisionero que por largo tiempo ha estado sufriendo inmerecido encierro. Era tarde. Brillaban los focos del alumbrado público y los faros de los caros. Pero casi todos los almacenes que mantenían abiertas sus puertas, porque pareciera que todo el mundo experimenta un placer especial en dejar sus compras para última hora.

Entró a la tienda. ¡Allí estaba su hombre, viéndolo de lado con las cejas enarcadas, como si lo invitara a una travesura.

Estaba buscando un dependiente a quien dirigirse cuando vio a su tocayo, el ángel. En un punto del espacio donde se cruzaban las luces de dos lámparas fluorescentes, allí estaba él, sereno, magnífico, balanceándose levemente en la atmósfera cargada de un suave aroma de fiesta y de misterio. El niño miró furtivamente en todas las direcciones para cerciorarse de que sólo él se había percatado de la visión alada. Nadie se daba por enterado.

Ángel sospechaba que nadie más podía contemplar al mensajero de los céfiros, porque era casi transparente. Parecía hecho en celofán y sus alas eran apenas unas finas estrías que brillaban a trechos. El rostro era tan blanco como las nubes cuando les da de lleno el sol veraniego y los ojos lo miraban con serenidad inmutable, severos, aunque dulces. El ángel se parecía mucho, muchísimo, a sus congéneres de la Catedral, esos que salían en andas en las procesiones de Semana Santa, con la mano levantada a la altura de la cabeza, como si fueran bendiciendo. Y el ángel tenía una balanza en la mano derecha.

El niño había tenido ya varios encuentros con la diáfana imagen. Éste era el ángel de la guarda de que le hablara a su madre desde que era muy chico. Como un ave majestuosa de plumas cristalinas, se le aparecía súbitamente siempre que estaba a punto de tomar una decisión difícil. Silencioso, lumínico, esperaba que el muchacho formulara su voluntad, para disiparse luego en el espacio con menos ruido que el roce de una pluma en el viento. Era un ángel guardián peculiar, porque, además, estaba encargado de juzgar sus acciones.

Ángel, el terreno, sabía que en esa balanza estaban acumuladas sus buenas y malas acciones. Esto era lo que hacía tan imponente y solemne la presencia del alado juez, pues nunca se retiraba sin haber puesto los actos del niño en el platillo justo. En esto era inexorable. ¡Y cuán recargada estaba la balanza del lado de las acciones censurables! ¡Allí había de todo. Cabezas rotas, insolencias con la madre, pequeños latrocinios, abundantes mentiras, malas palabras, peores hechos, ira, egoísmo, mucho vagabundeo, poco de iglesia, nada de escuela, focos quebrados a hondazos, dinero perdido a los naipes. ¡Qué confusión de cosas de las cuales se sentía avergonzado! ¿No iría el ángel a poner su muñeco entre el montón de culpas multiformes?

Parecióle al niño que su ángel movía levemente las alas y que en una brisa muy tenue le llegaba el recuerdo de su madre. Ella no tendría seguramente quien le diera sus “pascuas”. Ella estaría hoy, como todos los días, pegada a un montón de ropa almidonada, plancha en mano, yendo y viniendo del fogón a la mesa de labor. ¿Quería él a su madre? ¿No la tenía casi olvidada? Pues salía de la casucha muy de mañana y no volvía sino hasta bien entrada la noche. ¿No sería su madre demasiado pobre, no se sacrificaba demasiado por él? ¿Y él, que le daba en cambio, además de sinsabores? En esa tienda prosaica y entre ajetreo de la gente apurada, se produjo esa noche el milagro más puro de la Navidad. Todo lo que la santa fiesta tiene de amoroso sentimiento, de limpio, de fragante, se condensó pronto en el corazón del niño, inundándole de piedad filial. Fulminantemente, y como si hubiera estado al borde de abominable tentación, renunció a su juguete, al hombrecillo de cuerda con la chaqueta pintarrajeada. Con un vigor que nacía de la más sólida certidumbre, se acercó al dependiente más cercano y le dijo sin vacilar:

—¡Quiero un corte para vestido de mujer!

El hombre le mostró varias piezas de género y después de murmurar las trivialidades propias de su menester, agregó:

—Si es para tu mamá, este le quedará muy bien.

Convinieron el precio y todavía dijo Ángel:

—Envuélvamelo en papel de regalo…

El otro ángel, el que se columpiaba arriba en una nube de oro, sonrió miríficamente, puso la balanza a nivel y como un soplo se fue a dar cuenta de su hallazgo.

El niño apretó el paquetito bajo el brazo y salió corriendo en derechura a su casa. La prisa ponía alas en sus pies…

viernes 19 de noviembre de 2010

En mi país - Guillermo Anderson



Letra


En mi país, de guamil y sol ardiente
se ve la historia en los rostros de la gente
hermosa tierra vuelo de gaviota herida
tenés la luz que va repartiendo vida.
Sos la semilla y sos la fuerza en el arado
tenés el alma en el bullicio del mercado.

Suenen la guitarra y la marimba
las maracas con el acordeón
que suenen la flauta y la caramba
suenen el tambor y el caracol.

En mi país, rumor de mar selva y quebrada
están el sabor de la naranja y la guayaba
está el color de la flor que no marchita
está el olor a café en la tardecita
y aquí está el África en canción vida y tambores
leyenda negra cayuco lleno de flores.

Suenen la guitarra y la marimba
las maracas con el acordeón
que suenen la flauta y la caramba
suenen el tambor y el caracol.

Para quererte el corazón mío no alcanza
pero esta luz, multiplica la esperanza
en que la selva no combata al fuego sola
y que la espina se convierta en brassavola.

Suenen la guitarra y la marimba
las maracas con el acordeón
que suenen la flauta y la caramba
suenen el tambor y el caracol, en mi país.

La tierra donde nací

Por Carlos Manuel Arita (1912-1989)



Me siento feliz aquí
en esta tierra adorada,
pues yo no cambio por nada
la tierra donde nací.

Honduras es para mí
el más preciado tesoro,
por eso lejos añoro
la tierra donde nací.

Cuanta nostalgia sentí
pensando en los patrios lares
cuando escribí los cantares
del suelo donde nací.

Con que tristeza me fui
como si fuera llorando
dondequiera recordando
la tierra donde nací.

Toda la tierra es así,
—soñadora y primorosa—,
más para mí es más hermosa
la tierra donde nací.

Cuando les digo yo aquí
que mi tierra es un encanto
es porque yo adoro tanto
la tierra donde nací.

Y si me preguntan: ¿Dí
el nombre de un gran país?
contestaría feliz:
¡La tierra donde nací!

Y si me dicen a mí:
¿Por qué ese amor tan profundo?
Les diría que es mi mundo
la tierra donde nací.

Un día en la calle oí
su nombre dulce y bendito
y el alma entera dio un grito:
¡La tierra donde nací!

La quiero yo porque sí,
con un amor verdadero
(Está alumbrando un lucero
la tierra donde nací).

Todo a mi patria le dí
y adoro mis patrios lares
y llevo aquí en mis cantares
la tierra donde nací.

Navidad en Tegucigalpa



Por Guillermo Bustillo Reina (1898-1964)



Semana Santa en León,
Corpus Christi en Guatemala,
y para Pascuas alegres
¡no hay como Tegucigalpa!
Aquí son los nacimientos
una institución vernácula
y el árbol de Navidad
en nuestro hogar nunca falta.

Las casitas de cartón,
ágiles como las cabras,
se suben por las laderas
a las colinas más altas.
Los montes son de aserrín
y de cristal es el agua,
los soldados son de plomo
y la iglesia de hojalata.

Vemos a los reyes magos
en solemne caravana,
dirigiéndose a Belén
tras una estrella de plata;
allá los espera el niño
sobre su cuna de paja
llorando a más no poder
porque no encuentra las sábanas.

La noche de Navidad
todos cenamos en casa
los ricos nacatamales
de gallina y alcaparras
y las sabrosas torrejas
que nos hacen la boca agua.

Luego entre sones de pitos
y estrépito de matracas
vamos a la Catedral,
a nuestra Catedral Blanca,
a oir la Misa de Gallo
tan típica y legendaria,
tan pronto como en la torre
suenan doce campanadas.

Las muchachas casaderas
van en alegres paseadas
a visitar nacimientos
todas las noches de pascua,
más no crea que van solas
sino bien acompañadas,
pues no faltan los galanes
ni tampoco las guitarras
y se baila en los salones
y a veces hasta en las plazas.

jueves 18 de noviembre de 2010

Encuentra empleo con la Secretaría del Trabajo

Servicio Hondureño de Empleo

La Secretaría del Trabajo y de Seguridad Social de Honduras nos ofrece el Servicio Hondureño de Empleo, una bolsa de empleo que nos proporciona el Estado de Honduras. Este es un servicio gratuito tanto para los aspirantes a conseguir un empleo como para las empresas que andan buscando empleados.

Entra a esta página. Si eres un aspirante a conseguir un empleo haz cliz en el ícono de postulante, si representas a una empresa haz clic en el ícono de empresa, y llena el formulario completando la información paso a paso.

martes 16 de noviembre de 2010

El Sabio Valle y el Santo Oficio

Por Medardo Mejía

José Cecilio del Valle

El Sabio Valle y el Santo Oficio es como decir la luz y las tinieblas. Muerto el rey Carlos III, monarca de la Ilustración, un año antes de la Revolución Francesa y ascendido al trono su hijo Carlos IV, éste hizo regresar a los jesuitas desterrados de los reinos españoles, hacía más o menos unos veinte años.

Los jesuitas regresaron siendo los mismos jesuitas: reaccionarios, ultramontanos, fanáticos, crueles, sin alma. Si ayer sirvieron para exterminar el protestantismo y las demás creencias deístas aunque no católicas, hoy llegaron para arrancar hasta la última raíz de la revolución democrática que se estaba desarrollando en Centro América.

Vigilaban a todo el mundo por medio de agentes especiales, situados en los distintos estratos de la sociedad. Había veedores y oidores desde las altas esferas hasta los bajos fondos. El confesor tenía entrada libre a cualquier hora del día y de la noche, con pretextos. La servidumbre de cada familia, por regla general, bajo promesas de salvación y gloria, tenía al tanto a los inquisidores de lo que se decía y pasaba en los hogares de su servicio.

El Santo Oficio llevaba libros en que anotaba diariamente los informes de los sospechosos. También levantaba por cuantos, claro está, en el mayor secreto. Hablamos en Derecho Canónico, desde luego. Eran delitos de presidio o reclusión mayor, y hasta de muerte en la hoguera, los culpables de materialismo, ateísmo y divulgaciones de doctrinas parecidas. La quema de personas no se llevó a cabo en el tiempo a que refiere este relato. Los sentenciados eran conducidos a México.

Especialmente el Santo Oficio perseguía a la Ilustración en el renombre de los Ilustrados. La Ilustración fue un movimiento cultural europeo del siglo XVIII, caracterizado por una gran confianza en la razón, en la crítica de las instituciones tradicionales y la difusión del saber.

José Cecilio del Valle era un ilustrado de renombre. En el reino de Guatemala nadie le llegaba a la altura del hombro. Por ese motivo era el centroamericano más conocido en el exterior, y era el más visitado por los viajeros del segundo descubrimiento, es decir, de los investigadores en los campos de las ciencias naturales.

Como a su casa llegaban ingleses, franceses, italianos, con quienes conversaba en estos idiomas y con los alemanes y escandinavos en latín, Valle era estrechamente vigilado por la servidumbre y seudo amigos de la familia. El hecho de conversar con los viajeros en lenguas distintas enfurecía a los miembros del Santo Oficio. Sus espías gracias podían decir que hablaba en jerigonza con sus visitantes. Y una criada vieja con más audacia se atrevió a afirmar que todas sus peroratas se reducían: “a hablar mal de Dios”.

Se hizo constar en libros esta declaración, pero no se le creyó porque la vieja apenas hablaba quiché.

Al darse cuenta Valle del acoso de que era objeto de parte del Santo Oficio, recurrió a una argucia ingeniosa. Se valió del cura de su parroquia para invitarlo a él y a los inquisidores a que comparecieran a su casa de habitación, donde se les haría conocer un hecho digno de ser visto. La visita tendría que hacerla a las cinco de la mañana en punto, con mucha cautela. Él los esperaría en la puerta principal, entrarían sin hablar y sin hacer ruido. Y hombres aquellos que cultivaban su ocio, fueron puntuales en la cita. Entraron en puntillas a la biblioteca, hasta que Valle, en voz baja, dijo:

—Vengan…

Anduvieron buen trecho entre numerosos y gruesos naranjos, viendo que en aquel momento se levantaba el disco magnífico del sol glorioso. Luego Valle les dijo:

—Ahora bajen la vista y conozcan a los adoradores del sol.

Cinco indios, en cuenta la vieja chismosa de la Inquisición estaba de rodillas, con las manos en alto, y luego se inclinaban con gran reverencia, por una, por dos, por tres, y por más veces, mientras modulaban un canturreo entre dientes…

El cura y los inquisidores estaban pasmados. Nada habían hecho contra el paganismo del reino. Y aquellos indios que estaban adorando al sol eran los espías de la Santa Inquisición.

Al notar los indios que habían sido vistos huyeron dando gritos. Había sido sorprendido su rito religioso. Y los jesuitas, confundidos de lo que habían visto, sin decir palabra, regresaron a su Santo Tribunal.

Visto en el libro Canasta Folklórica Hondureña, de Julio Eduardo Sandoval. Ediciones JES.

Himno a José Cecilio del Valle

Letra: Victor F. Ardón
Música: Rafael Coello Ramos

I
Gloria al hombre que tuvo por lema
lo más grande en el mundo el saber,
y llevando el estudio por tema
vio su viña mental florecer.
Gloria a quien fue baluarte en la lidia
por la humana conquista del bien
y aplastando a su paso la envidia
llevó fresco el laurel en la sien.

II
De la historia en la cima es un cedro
fue su sueño la patria ensanchar,
pues él dijo “soñaba San Pedro
y así yo también sé soñar”.
Y con pluma inmortal su palabra
en los vastos istmeños grabó
como quien en un culto consagra
Centro América libre escribió.

III
¡Gloria a ti inmortal Sabio Valle!
sea tu nombre nuestro áureo blasón
nuestra voz para ti no desmaye,
vibre siempre cual esta canción.
Sea tu escuela ejemplar nuestra escuela,
Oh maestro de excelsa deidad
y una senda propicia tu estela,
que nos lleve a encontrar la verdad.

Himno a Francisco Morazán

Letra: Froilán Turcios
Música: Francisco R. Díaz Zelaya

Coro
Mágica rima de bronce que cante
la maravilla de tu épica historia.
Sobre las cumbres mi musa levante
el fabuloso esplendor de tu gloria.
Que tu figura se encienda en la llama
que irradien las albas de nácar y oro,
himno solemne pregone tu fama,
vibre en los aires tu nombre sonoro.

Solo I
Eco de amor de los altos confines
queda vagando en los verdes pinares.
Lloran tu muerte los claro clarines
y en su profundo responso los mares.
Ínclita musa de arcanos acentos
de tu renombre destierra el olvido
flota el Ideal de la Unión en los vientos
cual pabellón al futuro tendido.

Solo II
¿Quién tu figura no ciñe de flores?
¡Pase tu numen venciendo vestiglos
cual sol sin ocaso de vivos fulgores
sobre el eterno rodar de los siglos!
¡Patria, saluda al heroico guerrero!
Himnos eleva de luz y victoria.
¡Ama el sublime fulgor de su acero!
¡Pon en su frente el laurel de la gloria!

Escuche el himno a Morazán en mp3.

lunes 15 de noviembre de 2010

Etnias de Honduras

Los grupos étnicos autóctonos que históricamente poblaron Honduras, y que todavía subsisten, son:

Las nuevas entidades étnicas que se conformaron después del siglo XVI:

Los grupos étnicos que aparecieron a partir del siglo XVIII, y que gozan de influencia económica en Honduras:

Todos estos grupos son minoritarios. La base poblacional de Honduras son los mestizos: mezcla de europeo, indígena y negro.

Los Miskitos

El origen del pueblo Miskito actualmente se encuentra en discusión entre los estudiosos del tema. Los primeros datos históricos son del siglo XVII y se refieren a la mezcla de miskitos con esclavos africanos náufragos, negros libres y europeos, producto de alianzas con comerciantes y bucaneros británicos contra la autoridad ibérica, lo que dio lugar a la expansión poblacional a lo largo de la costa y la fusión cultural entre miskitos, zambos y los táwiras.

Los antecedentes de este pueblo los encontramos en la tribu Táwira (peludo o cabellera larga), quienes tenían una sociedad abierta que facilitó la mezcla con otros grupos humanos (europeos y otros grupos locales) de donde surgió el miskito.

Se cree que el nombre Miskito se deriva de la palabra Miskit-upla (jefe tribunal de la población Táwiras) y que en forma sintetizada se lee «Miskitu» que significa «la gente del Miskut».

Durante los siglos XVII, XVIII y mediados del XIX los ingleses explotaron la región de La Moskitia, ejerciendo su autoridad a través de los reyes Moscos en el territorio comprendido entre el Río Tinto o Negro (Honduras) y el Río San Juan (Nicaragua). El interés de dominio no sólo era económico sino también geoestratégico contra Estados Unidos.

En tiempos de la colonia los ingleses les ofrecieron apoyo político-militar y ciertas manufacturas a cambio de la esclavización de otros grupos indígenas y de productos como pieles, concha de tortuga y alimentos. Esta colaboración posibilitó la expansión de los miskitos desde la Laguna de Chiriquí en Panamá hasta la frontera hondureño-guatemalteca.

En 1996 se registró 36 mil habitantes miskitos con mayor concentración en Brus Laguna, Puerto Lempira y la Zona Recuperada en el Departamento de Gracias a Dios.

Actualmente se encuentran ubicados en Honduras y Nicaragua. En Honduras en la región nororiental conocida como La Mosquitia, que va desde la desembocadura del Río Wanjs Coco o Segovia hasta el Río Tinto o Negro, principalmente en el departamento de Gracias a Dios.

La cultura miskita se expresa, entre otros, mediante la religión, lengua, danzas, comidas y bebidas y costumbres ancestrales. Creen en un ser superior que llamaban Wan-Aisa (Nuestro Padre). También creen en dioses menores como Yulapta: El Sol, Alwani: Trueno y Kati: Luna, y cierto culto dedicado a la naturaleza (bosques, ríos y animales).

Entre las danzas que más se practican están el Zopilote, Ubanita y Tambaku.

La dieta alimenticia del miskito está constituida por yuca, plátano, malanga, ñame, arroz, frijol y el producto de la caza y la pesca, carne de gallina y cerdo; bebidas como el Wabul y el Ulang; embriagantes como mislas de yuca, maíz, caña y supa.

La estructura económica de la sociedad miskita está representada por una agricultura de subsistencia, complementada con trabajos asalariados estacionales.

En los últimos años, la industria langostera ha generado oportunidades de empleo para unos 700 hombres miskitos, quienes trabajan de buzos y cayuqueros para pequeñas empresas ladinas, bajo condiciones precarias. La organización étnica miskita se conoce como MASTA, que significa Unidad de la Mosquitia y su función principal es la de promover e impulsar los proyectos de desarrollo integral. Se organizó en 1976, con sede en Puerto Lempira, Gracias a Dios.

La sabana miskita, que tiene una extensión mayor a 200 mil hectáreas, no representa una alternativa agrícola o ganadera por la característica de sus suelos ácidos, que son a su vez altamente susceptibles de incendios en verano y anegadizos en invierno. Un potencial de desarrollo se puede vislumbrar en dos áreas: el aprovechamiento sostenible del bosque y el desarrollo de cooperativas de pesca.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

viernes 12 de noviembre de 2010

Los Lencas

Durante la conquista española el pueblo Lenca ofreció una tenaz resistencia, siendo el cacique Lempira un máximo exponente de la defensa de su gente, su tierra y su cultura. La existencia y muerte del cacique Lempira quedó plenamente comprobada por el historiador hondureño Mario Felipe Martínez Castillo, quien después de varios años de investigación publicó el libro: «Los Últimos Días de Lempira y otros Documentos», El Conquistador Español que venció a Lempira, este libro fue editado por la Editorial Universitaria, UNAH en 1987.

En la publicación de Mario Felipe Martínez Castillo, se revela la probanza redactada en 1558 en México, cuando se presentó ante la Audiencia Rodrigo Ruíz, un soldado que mediante dicho documento pretende probar su desempeño durante la conquista de los dominios americanos y reclama a la corona su premio.

En la probanza, encontrada en el Archivo de Indias en 1984, Rodrigo Ruíz admite ser el asesino de Lempira y declara haberlo matado en una lucha cuerpo a cuerpo y que después de darle muerte le había cortado la cabeza al aguerrido jefe indígena y lo había llevado hasta el lugar en donde Francisco Montejo había establecido su campamento y que era el denominado Real de Siguatepeque, que se localizaba en un punto inmediato a lo que actualmente se conoce como la aldea Gualaca, en las proximidades del municipio de Flores.

Ruíz en una probanza relata que viendo la posibilidad de terminar con Lempira, se introdujo entre el pelotón de indios en que andaba el cacique y que el jefe indio llevaba puesta una indumentaria de un español, lo mismo que sus armas.

También narra una serie de acciones que ocurren en México, Guatemala y Honduras. Es evidente en algunos tramos del relato que el declarante exagera, ya que en otro aparte relata cómo él solo mató en Comayagua una enorme cantidad de nativos.

La mayor trascendencia se obtiene de su vívida relación de su supuesto enfrentamiento con Lempira al que logra vencer en esa lucha cuerpo a cuerpo, su declaración es avalada por testigos nominados por el declarante, son ellos algunos otros soldados de la conquista, testigos presenciales del supuesto hecho, así como otros españoles que dicen haber «Oído la narración de la acción».

Entre los testigos figuran Catalina de Montejo y el propio Alonso Maldonado, Presidente de la Audiencia de los Confines, quien admite que habiendo llegado a la colonia en 1544, recibió la información de la conquista de la provincia de Cerquín, donde operaba Lempira, lo mismo que de la acción de Ruíz que puso fin a la existencia del líder nativo, facilitando la conquista.

En el documento encontrado en el Archivo de Indias de España, se hace constar que Rodrigo Ruíz alcanzó el privilegio de que el Imperio Español lo recompensara con la cantidad de 500 pesos.

La lengua Lenca se extinguió en las últimas décadas del siglo XX, hoy sólo se recuerdan algunas palabras que oyeron de sus padres o abuelos, pero el idioma vivo ha dejado de existir. Todos los indios lencas hablan español como lengua materna, aunque su manera de expresarse revela en la sintaxis, la mezcla y tono del idioma perdido.

A la llegada de los españoles encontraron a los indios Lencas conformando los grupos Care, Cerquín, Potón y Lenca. Hoy, sus descendientes habitan los departamentos de Intibucá, La Paz, Lempira y el sur de Santa Bárbara; centro sur de Francisco Morazán y Valle, donde colindan con los Lencas de El Salvador.

Las manifestaciones culturales de los Lencas se expresan por medio de la agricultura, alfarería, artesanías y su dieta alimenticia como el consumo de la tortilla, el tamal, la chicha de maíz fermentado y chilate. Sus prácticas y creencias rituales se manifiestan a través del Guancasco y la Compostura.

Existen unas 82.000 personas que se identifican por sus rasgos socio-culturales y su organización política-religiosa.

La actividad de los pueblos Lencas se basa en la agricultura y realizan trabajos de alfarería doméstica. La organización tradicional política-religiosa del pueblo Lenca es la Auxiliaría de la Vara Alta que generalmente se ocupa de las actividades religiosas. El 20 de julio de 1989 fundó el municipio de Intibucá la Organización Indígena Lenca de Honduras (Onilh) en la cual la Auxiliaría de la Vara Alta quedó incorporada.

La región de los Lencas es montañosa y con vestigios mineros. El bosque pinar del occidente del país instalado en su mayoría sobre roca volcánica y con poca cantidad de agua lluvia por año, constituye el área boscosa menos productiva del país.

Los hombres se han dedicado a la actividad de la resinación de los pinares, que constituye un potencial de crecimiento grande.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

jueves 11 de noviembre de 2010

Los Chortís

El área Chortí, con Copán como centro cultural, fue la sede de la civilización del antiguo imperio Maya. el pueblo Chortí, encabezado por su cacique Copán Galel, presentó fuerte resistencia a la conquista española que culminó con su sometimiento.

El cacique Copán Galel fue un líder indígena rebelde del período de la conquista que los historiadores casi no mencionan y que actuó en tierras que ahora pertenecen a Guatemala y Honduras, en las zonas de Chiquimula y Copán. Copán Galel era el Cacique de Copán y cuando los españoles invadieron a Honduras inició la lucha contra ellos, solicitando el apoyo de los Señores o Caciques de Chiquimula y Esquipulas. Su ejército fue derrotado por los españoles y ya en desgracia y aconsejado de los suyos, resolvió rendir vasallaje al Rey de España. Su historia plenamente documentada se encuentra en la obra «Compendio de la Historia del Reino de Guatemala», por Domingo Juarros.

Los indígenas de habla Chortí pertenecen a los grupos Mayas meridionales y por ello están más estrechamente relacionados con los Mayas de Yucatán, Belice y parte norte de Guatemala. El grupo identificado como Choles que habita Chiapas son primos de los Chortí.

Históricamente, los Maya-Chortís de Honduras se localizaban en los departamentos de Ocotepeque, Copán y una estrecha franja del norte de los departamentos de Cortés y Santa Bárbara.

Actualmente, la mayor parte de estos indígenas están ubicados en Guatemala; Chiquimula (Jocotán, Esquipulas, Quezaltepeque, etc.) y departamento de Zacapa (La Unión); alcanzando una población de 60 mil personas.

La población Chortí del país vive en las zonas de difícil acceso como el Choncó, Colón Jubuco, San Rafael, Tapescos, Carrizalén y la Laguna en el municipio de Copán Ruinas. Su población es de unos 3,600 habitantes.

Los Chortís de Copán utilizan fundamentalmente el español como lengua de comunicación, quedando muy pocos hablantes de Chortí y los que lo hablan proceden de Guatemala.

Los límites territoriales entre Honduras y Guatemala han separado a la población Chortí de ambos países, lo que ha contribuido a la pérdida de la lengua y en general a su extinción étnica.

Su forma de vestir tradicional aún se mantiene. Su cultura musical está expresada por una serie de instrumentos como la teponagua, el cortín, el tambor, el pito, chinchín, sonaja y el cuerno. El rito más representativo es «El Baile de los Gigantes».

Su dieta alimenticia se reduce básicamente al uso del maíz y frijol. Es maíz es preparado en diferentes formas en bebidas como chilate, pozol, atole dulce y agrio (chuco), tortillas, tamal de viaje, el totoposte y bebidas embriagantes: chicha mezclada con jugo de caña o piña fermentada.

La mayoría de sus viviendas están construidas de madera y lodo conocido como bahareque, techo de paja y piso de tierra. Las casas tienen divisiones de tela o papel y algunos casos varas y zacate.

La actividad económica fundamental de los Chortís es la agricultura.

Elaboran una serie de artesanías como matates, mecapales, petates y canastos.

En el momento actual, la etnia Chortí no se encuentra unificada alrededor de una organización política que respalde sus luchas reivindicativas por la tierra y sus costumbres.

La región donde viven es montañosa y accidentada. En ningún sector de la región hay extensión de bosque virgen, debido a la densidad de la población y a la carencia de tierras no cultivadas. El bosque existente en la zona es de pino, roble, ceiba, cacao, copal, etc.

Los Chortís profesan culto y veneración a la naturaleza mediante los ritos a los dioses de la tierra y consagración a las simientes y en honor a los dioses del viento.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

Los Tolupanes

Se les conoce como Jicaques, pero su nombre auténtico es Tolupán. El término de jicaque fue utilizado por los colonizadores para referirse a los diferentes grupos rebeldes de la Taguzgalpa. Hacia fines de la época prehispánica se extendieron por la costa Atlántica, la Bahía de Honduras, desde el río Ulúa a Puerto Castilla, cerca de la actual ciudad de Trujillo y tierra adentro hasta el río Sulaco, pero en el año de 1609 los Tolupanes se ubicaron como grupo étnico en el área de los ríos Guayape y Guayambre, en Olancho.

En este proceso de reasentamiento étnico murieron grandes cantidades de indígenas debido al trabajo forzado y las enfermedades foráneas. El misionero español Manuel de Jesús Subirana, en 1864, gestionó ante las autoridades los títulos de propiedad para estas poblaciones, dichas tierras tituladas a favor de los indígenas hoy día son motivo de disputa por encontrarse la gran mayoría ocupadas por cafetaleros y ganaderos ladinos en el departamento de Yoro.

El pueblo Xicaque o Tolupán se encuentra ubicado en los departamentos de Yoro y Francisco Morazán, en los municipios de Morazán, Negrito, Victoria, Yorito, Yoro, Olanchito, Marale y Orica.

Las tierras ocupadas por el pueblo Tolupán son un 60 por ciento de vocación forestal, 30 por ciento ganadero y 10 por ciento agrícola. En las partes más altas de las montañas de Yoro, actualmente forman la Federación de Tribus Xicaques con 25 consejos tribales, y dos que todavía no se han integrado a esta estructura que es la tribu El Hoyo y la zona Occidental de la Montaña de La Flor. Su población aproximada es de 18 mil personas.

A pesar de que la cultura Tolupán ha sido en gran parte afectada por los ladinos, conservan su lengua Tool y sus tradiciones en las tribus de la Montaña de la Flor. La organización social descansa en la familia y en la sociedad tribal.

En 1978 se integra una directiva con el nombre de Federación Nacional de Tribus para la Liberación del Indígena Hondureño (FENATRILH), para reivindicar los derechos ancestrales y culturales del pueblo Tolupán. Posteriormente fue modificada para surgir la que actualmente se conoce como FETRIXI (Federación de Tribus Xicaques de Yoro).

Las actividades de los tolupanes giran alrededor de pequeños cultivos de café que fue introducido en la década de 1930. Sus alimentos básicos son el maíz, frijol, calabazas, papas y otros tubérculos. Plantan bananos en pequeñas parcelas y otros árboles frutales como naranjos, mangos y aguacate, así como pequeños plantíos de tabaco.

Producen miel de abeja, practican la pesca y caza en menor escala, conservan el uso del arco y la flecha para la cacería, el consumo de tabaco en pipas elaboradas para la localidad y el uso de la piedra pedernal para encender el fuego; también de la corteza de un árbol fabrican tiras de telas para unir entre sí los palos para construir chozas.

Tejen hermosas canastas de variadas formas y redes que se emplean para transportar maíz. Las mujeres cosen sus vestidos con telas compradas y las túnicas de los hombres llamadas balandranes con dril.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

Los Pech

Los Pech, conocidos peyorativamente como Payas, tienen un origen aún desconocido. Son probablemente descendientes de los Chibchas, los cuales salieron de América del Sur probablemente hace tres mil años y se establecieron entre Colombia y América Central.

Durante la colonia se extendieron del río Aguán al río Patuca en la zona nororiental de Honduras. En la época prehispánica se extendieron del norte del río Aguán hasta el Cabo de Gracias a Dios. La lengua Pech está identificada como un idioma de la familia de lenguas macro-chibcha, de origen sudamericano.

Esta etnia está compuesta por nueve tribus que son: Vallecito, Pueblo Nuevo Subirana, Agua Zarca, Culuco, Jocomico, Pisijire de Dulce Nombre de Culmí, Santa María del Carbón de San Esteban, en Olancho, Silón en Trujillo y las Marías en la Biósfera del Río Plátano.

A pesar de que han sido sometidos históricamente por el proceso de aculturación, aún conservan su lengua y parte de sus costumbres que se manifiestan en comidas, bebidas alimenticias y embriagantes.

Estas comidas y bebidas en su mayor parte son el sustento pech, acompañado de frijol y del arroz. También practican la cría de animales domésticos. Se dedican en menor escala a la extracción de la resina del árbol de liquidámbar, a la producción artesanal y lavado de oro.

La organización social del pueblo Pech descansa en la familia extensa. Las mujeres participan mucho en la vida económica de su aldea, ellas han sido artesanas, agricultoras, pescadoras, curanderas y chamanes (jefe tribal, consejera, sacerdotisa).

Su organización política actual se desenvuelve alrededor de la Federación de Tribus Indígenas Pech de Honduras (Fetriph), constituida en 1985 con el propósito de luchar por el derecho de la tierra, conservación de sus costumbres y cultura. En 1996 la población estimada fue de 1,670 personas.

La utilización de la diversidad de plantas características de la vegetación del trópico húmedo con fines alimenticios, religiosos y medicinales ha sido complementada por los Pech con las actividades de cacería y uso de madera para construcción.

Actualmente en la comunidad Pech del carbón se desarrolla el manejo del bosque comunitario, donde por primera vez la población tiene la oportunidad de conocer la infinidad de maderas que pueden obtenerse con fines comerciales.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

Los Tawahkas

Los Tawahkas o Sumos, antiguamente estaban formados por diez subtribus: Tawahka, Panamaka, Ulwa, Bawinka, Kukra, Yusku, Boah, Silam y Kí. La región geográfica que ocupan es desde el río Patuca hasta el río Punta Gorda, en Nicaragua. La lengua materna es el tawahka, también hablan miskito y español.

En la actualidad, están distribuidos en las comunidades de Krautara y Krausirpe en el municipio de Brus Laguna, Gracias a Dios; Yupawas, Kamakasna y Parawas en el municipio de Culmí en Olancho. En estas comunidades, según la Federación Indígena Tawahka, habitan unos 975 indígenas. También se encuentran Tawahkas, Panamakas y Ulwas en Nicaragua, alcanzando un total de unos 9 mil indígenas.

Las comunidades Tawahkas se encuentran en las márgenes del río Patuca, su única vía de comunicación, y cuyas aguas además las usan para actividades domésticas, riego, pesca y navegación.

Mantienen su identidad cultural a través de varias manifestaciones religiosas, artísticas, alimenticias y de organización social. Profesan la religión católica, con alto grado de sincretismo con su religión nativa. Su mística está representada por algunos instrumentos musicales como: Barah Flauta, Sibayan maraca, Durum Tambor, el Kuáh untak cascarón de tortuga, Lunki Arco, etc.

En el aspecto alimenticio, elaboran bebidas y comidas propias de la zona, entre ellas la chicha de maíz, de arroz, wasplu, warapo de supa, el wabul (bebida preparada a base de guineos verdes y agua).

La organización político-organizativa Tawahka se conoce como la Federación Indígena Tawahka de Honduras (FITH), constituida legalmente en septiembre de 1987.

Luchan por la defensa de sus recursos naturales contra los ganaderos que han ocupado la mayor parte de sus tierras de vocación agrícola, siendo estas parte de la «reserva indígena Tawahka», cuyo instrumento legal se encuentra en poder del Congreso Nacional para su reconocimiento.

Explotan un área de unas 77 mil hectáreas, ubicada entre Gracias a Dios, Olancho y Colón. El sistema de producción se basa en la caza, pesca y extracción de madera, un cinco por ciento de la superficie se destina a uso agrícola, incluyendo granos básicos, tubérculos, frutales y tierra en descanso (guamil).

El territorio Tawahka se encuentra fuera del área protegida de la Biósfera del Río Plátano y carece de respaldo legal. En 1990 se realizaron estudios de campo que proponen la creación de una reserva forestal de 333 mil hectáreas cuya delimitación abarcaría las tierras Tawahkas, diversas áreas silvestres contiguas y una zona de amortiguamiento.

De las actividades de remuneración económica está la antigua práctica del lavado de oro sobre las vetas acuíferas del río Patuca. Recién se ha incrementado la migración a la zona por ladinos y miskitos y su pequeña industria de fabricación de pipantes se ha aumentado.

Ente el potencial de desarrollo que se vislumbra está el manejo del ecoturismo, el aprovechamiento y cultivo de subproductos del bosque y el uso sostenible de los recursos naturales.

Fuente: Diario La Prensa, del 28 de enero de 1996. Citado en el libro Historia de Honduras, de Miguel J. Suazo Padilla.

miércoles 10 de noviembre de 2010

Este volver a Honduras (poema)

Por: Jaime Fontana



Parece que no habrá nada más tierno que este volver a Honduras:
llegar con el amor iluminado por años y distancias,
decir esta es la tierra, este es el aire y este el río del cuento,
recuperar las voces salpicadas de burlas familiares,
reasumir la niñez en el dormido sabor de esta naranja
y en este olor —que es casi de muchacha— de savia y de panales
que solo dan los árboles autores de nuestro propio canto.

Porque volver a Honduras es ir de madrugada a los maizales
para espantar los pájaros bisnietos de aquellos que espantamos,
vivir en un mugido, en un relincho, que vienen de la noche,
los sueños, alegrías y peligros de los antiguos campos.

Parece que tendrá mucho de triste nuestro volver a Honduras:
hallar que el calendario no era broma leyendo algunos rostros,
saber que algo no vuelve en estas naves aunque el viajero vuelva
y besar en la frente lo que un día besamos en la boca.

Parece que también será de lágrimas este volver a Honduras:
preguntar por hermanos, por amigos, que no nos esperaron
y el horror de buscar en una tarde de cal y de cipreses
unos nombres: Julián o Federico, Carlos, Daniel o Marcos.

Parece que será feliz y trémulo nuestro volver a Honduras:
vagar por los caminos que asolearon el verso de la infancia,
llevar hasta una loma coronada de flores amarillas,
de la mano, a los hijos que fundamos sobre lejanas playas
—más allá de las nieves absolutas, de selvas y de mares—
y decirles al fin: esta es la cuna y este el peñón exacto,
esta es la tierra nuestra, la amorosa, la que espera a sus niños,
aquí esparcen su calcio generoso los huesos de mis padres
y el calcio va a la hierba y hace al pino más jubiloso y alto:
así trabajan todavía quienes nos prestaron la sangre.

Todo será feliz y doloroso, será trémulo y tierno
porque volver a Honduras... me parece que es retomar el canto.

Tomado del libro 100 Poesías Famosas del Mundo y Honduras. Graficentro Editores.

Historia de Larach & Cia

Larach & Cía. instalaciones.

Nace en Tegucigalpa en 1948 como una sucursal de Jorge J. Larach & y Cía., bajo la dirección de Don Rafael Piccioto.

Con los valores de ética y visión de su fundador Jorge. J. Larach, Emilio Larach asume la gerencia general en 1955; dándole énfasis a la calidad de sus productos y atención al público para convertirse en 1962 como Larach & Cía, empresa que se reconoce como número uno ferretería, número uno en economía.

En 1977 expande su capacidad de servicio al inaugurar la segunda tienda en Miramontes.

En 1987 nace el personaje más represantivo del posicionamiento de una marca en Honduras...

Don Castor Constructor.

En 1991 abre su tercera tienda en Torocagua. Con esta expansión, reafirma el compromiso con su clientela, ofreciendo productos de calidad a precios fijados con responsabilidad.

En el 2003 inaugura su moderna tienda Mega Larach, ofreciéndole a los capitalinos una amplísima variedad de artículos de ferretería y servicios específicos de utensilios para el hogar y papelería ratificando con ello ser la número uno en calidad y economía!

Para el 2006, Larach y Cía. ya había colaborado permanentemente en beneficio de la educación, con la participación de la niñez, la juventud y adultos en el deporte, alejándose de los vicios que dañan la salud...

Consecuentemente, Larach & Cía. inició el valioso y oportuno programa de protección del medio ambiente de Tegucigalpa y alrededores. Estos trabajos siguen y son reforzados y estimulados con amplias e intensas campañas de publicidad educativa, que son lideradas por dos personajes que identifican claramente a Larach & Cía... Don Castor y Gotalinda...

Larach & Cía. continúa con su labor de brindar con esmero la atención personalizada para cada uno de sus clientes; asimismo, se ha acrecentado el compromiso con Honduras, como una Empresa Socialmente Responsable.

Larach & Cía. Logo y don Emilio Larach

Visitación Padilla (poema)

Visitación Padilla

Por: Carlos Manuel Arita



Era ella una mujer extraordinaria,
tenía el fuego vivo en la mirada,
su alma era como una barricada
y su númen llameante luminaria.

Fue nuestra abanderada legendaria
siempre que hubo una cívica jornada
y su verbo fulgente era una espada
y su prosa gallarda y visionaria.

Su vida fue como una hermosa ofrenda
con mucho de ilusión y de leyenda
y de ensueños, de glorias y de ideales;

y al conquistar los reinos de lo arcano
llevaba floreciendole en la mano
un manojo de rosas inmortales.

Tomado del libro Laureles Patrios, de Carlos Manuel Arita.

domingo 7 de noviembre de 2010

Mitos y Simbolismos de los Rituales llamados Composturas

Hay una distinción implícita en el gran conjunto de las ceremonias y los rituales practicados por los campesinos de tradición lenca. Es importante y útil señalarlo. Se trata de una diferenciación entre lo doméstico y lo público.

Las ceremonias que tienen un carácter público se efectúan en los cabildos indígenas, las iglesias o capillas, es decir, en un centro de población. Son organizadas por la jerarquía religiosa indígena la Auxiliaría de la Vara Alta de Moisés. Aunque su fundamento es netamente católico, fuertemente inspirado por el antiguo testamento, algunos de sus rituales se arraigan en el pasado prehispánico. Hoy en día (1982) estas manifestaciones religiosas ya han dejado de existir, sin que por eso se excluya la posibilidad de una renovación en el futuro. Como mencionamos en el primer capítulo, está desintegrándose debido a la obstrucción del Estado, al rechazo de la Iglesia y a los impactos de la modernización.

Las ceremonias domésticas tendrán quizás más posibilidad de supervivencia y de resistencia que las públicas frente a las fuerzas que se oponen a ellas. Por dinámicas que sean estas fuerzas se debilitan a medida que se alejan de los centros políticos económicos. Los rituales domésticos son asuntos de familia, de parentela  y de vecindad pese a que a menudo participa una autoridad de la Vara Alta, y un rezador, pues ellos son campesinos como los demás. La mayoría de estos rituales llamados comúnmente composturas son precedidos de una visita a la iglesia más cercana pero se celebran, casi todos, en el campo y en el borde de pozos o lagunas, y aún el monte. Esta categoría abarca no solamente las composturas sino también los conjuros, la adivinación y la brujería. Ellos son los temas de este libro.

Comentaremos aquí algunas oposiciones simbólicas que se destacan de la compostura en sí.

El jefe de familia, normalmente propietario del campo o de la casa donde se efectúa la compostura, ofrece el homenaje por su propia cuenta. A veces actúa como el rezador, si sus conocimientos lo justifican. Si el propietario es una mujer, se trata generalmente de una viuda; pero si es un hombre, su mujer y toda su familia así como la mujer del rezador, participan en el rito. Todos son “principales” para la ceremonia, mientras que a los invitados se les dice “gente común”.

Para las composturas se construye un altar, formado por un armazón de ramas, de forma rectangular y de un metro y medio de altura aproximadamente, en el que insertan ramas de pino. La cruz bendita, perteneciente a la familia del propietario, es indispensable para estos ritos; a veces también una segunda cruz hecha con ramas, que luego se deja en el lugar. Se disponen sobre el altar unas plantas parásitas llamadas zomos, que crecen en los árboles de la alta montaña. Estas plantas simbolizan los espíritus a los que está dedicado el rito. Al pie del altar arden velas en número de 2, 4, 9, ó 18. También se colocan allí los jarros de chicha, aves destinadas a los sacrificios, copal, un metate para moler los granos de cacao que se utilizan durante el rito, tazas, pequeñas vasijas de barro, etcétera.

Todo el rito está concebido de acuerdo con una doble oposición respecto al altar: entre la derecha y la izquierda y entre lo alto y lo bajo. Los principales están vinculados con la derecha y lo alto; la gente común (los invitados) son los testigos y les corresponde la izquierda y la parte baja. Los rezos se hacen del lado derecho y cuando los principales los recitan, se colocan de ese lado del altar. Los granos de cacao que se emplean, solamente para esas ceremonias, pertenecen a los principales. Recordemos aquí que entre los aztecas, los mayas y probablemente los antiguos lencas, esos granos circulaban como moneda y que su consumo como bebida (chocolate) era un privilegio reservado a los nobles. Los campesinos conservaron esta noción en sus ritos. Los granos de cacao son molidos por la mujer del propietario, es decir, una mujer principal (noble), en la parte derecha del altar, y luego mezclados con chicha que se vierte en las plantas como ofrenda. A continuación esta bebida es tomada casi exclusivamente por los principales en pequeñas vasijas de barro, que sólo se utilizan  para este fin. En la mayor parte de estos ritos se sacrifica un pollo y un guajolote (pavo), aunque este puede sustituirse por una gallina o un gallo. El pollo es sacrificado del lado derecho del altar “en nombre del rezo” y su sangre se deja correr sobre la planta (zomo) colocada en la parte más alta. Después de cocinarlo en un jarro especial, la dueña lo ofrece a los principales. El guajolote es generalmente sacrificado en honor a la tierra y destinado al almuerzo de la gente común. Agreguemos aquí que el guajolote es de origen prehispánico, mientras que los pollos fueron traídos por los conquistadores. Aún en la actualidad —como evidentemente fue desde el siglo XIV, cuando un sacerdote católico visita una aldea, se le ofrece, si es posible, un pollo en vez de un guajolote. Se puede entonces adelantar la hipótesis de que, para los lencas, el pollo simboliza el poder: Los conquistadores, los principales y los propietarios, mientras que el guajolote representa el no-poder: los vencidos, la gente común, los simples testigos.

Como todo ritual, la compostura es un acto simbólico de implicaciones socioeconómicas. En su aspecto social reúne personas que están ligadas entre sí por parentesco y por vecindad y que pertenecen al grupo étnico de la tradición lenca. Es muy raro que un extraño participe en los rituales. Entre los invitados (la gente común) y los que ofrecen la compostura y el rezador y su esposa (los principales) existen relaciones de reciprocidad y los papeles se alternan: un individuo que hace una compostura, y por ende tiene el papel de uno de los principales, es invitado a otra donde forma parte de la gente común. Los vecinos y parientes de una aldea y sus alrededores suelen acudir a casi todas las composturas que allí se celebran, sin que por ello los participantes constituyan círculos cerrados.

Su dimensión económica radica en los gastos de dinero, bienes y tiempo que requieren las composturas y también en la labor o el trabajo comunal que se realiza durante algunas de ellas, como la de la siembra.

La compostura es parcialmente análoga a la misa católica. Las siguientes correspondencias son las más evidentes:

  • el rezador: el sacerdote,
  • el dueño que ofrece la compostura: un donador,
  • los invitados: la congregación.

El altar de la compostura parece haber sido concebido como un altar, de iglesia, por cuanto a:

  • su orientación hacia el este
  • su ubicación en el centro (de la milpa, por ejemplo) como la iglesia se sitúa generalmente en el centro de una comunidad o barrio

Los objetos rituales también  revelan algunas analogías:

  • los zomos con las imágenes
  • el copal con el incienso y el agua bendita.
  • Los granos de cacao con limosnas de moneda.
  • El rostro de las exequias en el túmulo o catafalco.

Y otros objetos son los mismos, como la cruz, la candela, el cohete.

En cuanto a su contenido o significado, lo que más distingue este ritual de la misa es la relación de reciprocidad implicada en la compostura. Esta es vista más como un pago a los espíritus, que como una adoración a ellos o contemplación de lo divino, del ritual cristiano. Aunque, desde luego, el concepto de retribución no es ajeno a la liturgia católica.

Los fieles que asisten a los actos religiosos en la iglesia también pueden esperar que haya o que habrá un gesto de reciprocidad, o pago por parte del poder divino en cualquiera de sus manifestaciones.

Presentamos en las páginas que siguen, declaraciones, discusiones y mitos de campesinos de la tradición lenca, que explican las modalidades de acuerdo con sus convicciones religiosas por lo que atañe al origen y viabilidad de los rituales domésticos, enfocando especialmente las composturas.

Evocaciones mitólógicas y mitos

Antonio Rodríguez, quien es un rezador de composturas, se expresó así:

Hacer las veneraciones (composturas) es como sembrar con abono: abono es la sangre del pollo, las candelitas, el fresquito (chicha). Yo no ando con abono (químico). Si Dios me lo quiere dar, Él me lo va abonar.  El abono es rezar, encomendar a Dios y a la Santa Tierra, hacer las veneraciones para todas las siembras: de maíz, de papas, para las frijoleras, las tomateras, todo de la tierra. Ya no rinde la tierra porque ya no cree la gente en Dios. ¿Porqué se nos va acabando toda la alimentación? Porque ya no creemos en Dios.

Las veneraciones se hacen a los ángeles. Buscamos como venerarlos con rezos, cohetes, primicias de la tierra; a recordar a los ángeles porque ellos nos dan agua y todas las frutas de la tierra. Los ángeles son mandados por Dios y hacemos las veneraciones y los ángeles para que vengan buenas cosechas. Si no las hacemos vienen enfermedades y malas cosechas. Dios Nuestro Señor, nos dejó estas reverencias, pero los mayas también hacían sus veneraciones.

Sigue una discusión entre varios campesinos en el cabildo de la aldea de Guajiquiro, Departamento de La Paz, que tuvo lugar en 1996.

Cuenta el Señor Silvestre Pérez:

Los del siglo anterior eran incrédulos de la religión apostólica romana. Trabajaban mucho. Eran incrédulos hasta la llegada de los misioneros. Entonces, en el siglo anterior, había muchos duendes. Tenían visiones y animales que no eran de este mundo, partidas de aves, de cabras y de ganado. Los duendes eran los dueños de los cerros. Cuando alguien entregaba un niño al duende, éste le daba riqueza, ganado.

Aclara el Señor Baltazar López:

Los duendes vivían en la cueva de La Mula, por Dolores (Departamento de Intibucá), pero ahora ya no.

Sigue Pérez:

Los Duendes andaban en público.

Comenta López:

El duende iba tras una muchacha y si ella iba con él (consentía), le daba riqueza.

Relata Pérez:

Un duende contaba a la mamá de un niño que le daría un potro si le regalaba su niño. Pero ella no se lo regaló, no quiso que se lo quitara, pero de todos modos el niño murió. Siempre se lo llevó el duende pero no lo llevó de la voluntad de la madre. Ella se portó bien pero otros no, al contrario. Y por eso, de allí venía el diluvio, porque no se acordaban de Nuestro Señor. Vendieron sus niños a los duendes. Pero nosotros somos después del diluvio. De allá para acá es otra generación, la generación de Noé. Aquellos (del siglo anterior) quedaron vencidos. Ahora para acá los cerros son benditos. Los padres han venido a bendecirlos. A nosotros también nos echaron agua bendita para que se vaya el genio de la tierra, los malos espíritus, para que seamos hijos de Dios, hijos del copal y la candela, del agua bendita. Cuando el diluvio, el Señor ordenó a Noé hacer el arca con la ayuda de sus tres hijos. Cuando terminaron el arca encerraron en cada cuarto del arca una pareja de todos los animalitos. Vino el Señor y dijo: “Enciérrense”. Y encerraron de todo ser dos. Vino la lluvia durante cuarenta días y cuarenta noches —todo era un mar. Este cerro es alto (el de Guajiquiro) pero el agua subió a setenta y cinco codos arriba (de la cima). Cuando cesó el agua no se secaba la tierra. El Señor ordenó que soplara el viento y el viento la iba secando. Cuando ya estaba medio seca sacaron una paloma del arca, pero no volvió. Se cayó en el agua y se ahogó. Noé esperó otros ocho días y sacó un cuervo a las tres de la tarde. Pero éste volvió al arca a descansar en la ventana porque no había donde sentarse en la tierra. A los ocho días más Noé volvió a sacar otra paloma y ésta si ya trajo de vuelta, arena y una ramita de olivo. Entonces el arca cayó al suelo. Pero todavía la tierra no tenía firmeza, estaba movida de agua. Noé esperó otros ocho días para que se secara más. Sacó otra palomita cuando vio que la tierra estaba más dura… Nosotros descendemos de Noé, de los tres hijos de Noé. Ya no (desde el diluvio) hay genios en la tierra, ni malos espíritus de los cerros, de los nacimientos de agua, de las quebradas se acabaron todos.

Objeta López:

Sí hay.

Consiente Pérez:

Siempre están molestando, es cierto.

Interviene el Señor Pedro Correa Martínez:

En revelaciones, en sueños le sale una serpiente. Uno riñe con ella y como somos cristianos la vencemos.

Continúa Pérez:

Cuando labramos la tierra, nos molestan (los malos espíritus) somos labradores de la tierra y allí está donde molestan los genios.

Añade Correa:

Hay lugares muy ofensivos ríos especialmente donde están los malos espíritus, en Guajicerito, en Jicarito, en la Flor (caseríos de Guajiquiro). Algunos aparecen en las aguas y otros por los caminos. Se transforman en animales en leones, gatos del monte o un perro y le atacan a uno como queriendo cazarle.

Comenta López:

Un señor salía a cazar mucho pero nunca hizo ninguna ceremonia. Después quedó como cachonado, (medio tonto) porque no había hecho sus composturas a los duendes (de los animales de la caza). Un señor rico tenía una fiera de nagual. Mataron al nagual y él quedó muerto también. Esto es cierto. No es creencia.

Correa cambia el tema:

Cuando un animal (espíritu de un difunto) visita su familia el puro (cigarro) se quema como un cajoncito (la ceniza pegada al puro toma la forma de un cajoncito). Entonces se manda a rezar a las ánimas. Es que uno anda en pena. Rezando se le da descanso. También le ponen candelas en el altar de la casa y le dan copal. Primeramente el copal porque es más fuerte que el humo del tabaco.

Otro presente:

Cuando el puro se quema de un solo lado y hay un enfermo en la casa, podría ser (la causa de la enfermedad) el genio de la tierra. Quiere decir entonces que el enfermo vio un duende. Entonces frente al altar se da copal y agua bendita y se bendice al enfermo.

Explica López:

El rezador lo bendice. Primero rezan (cuando alguien se enferma) y luego si no le llega, se le da medicina.

Pérez añade:

En febrero había mucha gripe aquí. Provino del profundo hielo. Ahora no hay guineos. También los ocotales mueren de la plaga. Todo eso es mandado por Dios. Nos quiere castigar, hasta con el agua (la lluvia) que no ha venido.

Y Correa resume:

Dios todo lo maneja, mediante buenos y malos.

Luego Pérez:

Hemos faltado con el maicito (el maíz). Le damos a los animales, a los chanchos (cerdos), y a las bestias, lo llevamos al comercio. Sería ésta la falta que hemos hecho. Yo no engordo chanchos con maíz ni lo doy a las bestias. Sólo les doy maicillo cuando hay. Pero los ricos, un rico que conozco tiene sesenta chanchos, sí les dan el maíz. No se debe darlo a los animales.

Pérez y López juntos:

Ni al comercio. El maicillo es para los animales, el maíz grueso no.

Pérez sigue:

Yo lo paso rezando. Hago veneraciones en mi casa. Primero copalco el maíz y los frijoles que nos da la Santa Tierra Virginal.

Responde López:

Se reza mucho para las veneraciones. Se hace una cruz de pino. Aquí no usamos zomos pero sí matamos un pollo y su sangre es para la tierra. También echamos cacao en el chilate (bebida de maíz) y un trago de aguardiente. Prohibieron la chicha aquí.

Y finalmente Pérez:

También hacemos veneraciones cuando levantamos la cosecha. Antes era tres veces para el maíz, pero ahora con una vez para la siembra dicen que es suficiente.

Todos, menos el Señor López, me mostraron sus escapularios y cruces colgados de listoncitos que llevan alrededor del cuello y caen sobre el pecho dentro de la camisa abierta de manera que se les vea. “Es para la defensa de uno. La cruz es una gran defensa”, me explicó la señora Enriqueta Mendoza.

Tomado del libro Antología Filosófica. Vilma Mondragón et al.

viernes 5 de noviembre de 2010

Héroes indígenas de Honduras

Benito.

Señor de Silca, en el departamento de Olancho. Destruyó la ciudad de Villa Hermosa, fundada por los españoles a comienzos de la conquista en el Valle de Olancho. En la rebelión encabezada por Benito participaron aproximadamente 300 caciques. En la acción perecieron 33 castellanos y 12 resultaron heridos. Entre los muertos figura el famoso descubridor y navegante español, Juan de Grijalba, que exploró Yucatán y México. Capturado por Diego López de Salcedo, Benito fue llevado a Nicaragua donde murió “aperreado” (despedazado por los perros).

Cicumba.

Este cacique del Valle de Sula, llamado también Socremba, ofreció pertinaz resistencia a las tropas conquistadoras de Pedro de Alvarado, quien según algunos se habría expresado en términos elogiosos del valiente guerrero nativo. Este murió en combate con las márgenes del caudaloso río Ulúa, al cabo de esforzada y desigual pelea en defensa de su tierra y de su pueblo. La escasa información acerca de sus hechos en las páginas de nuestra historia resulta inexplicable.

Copán Galel.

En 1530 los indígenas chortís se enfrentaron, bajo sus órdenes a las tropas de Hernando de Chávez en la región de Chiquimula de la Sierra, próxima a Esquipulas. Nuestro héroe se atrincheró con sus huestes en Citalá, donde los ataques hispánicos resultaron infructuosos. Desafortunadamente, un nativo que sentía enemistad por el cacique mostró a Chávez el punto débil de su defensa. De este modo pudo ser vencida su resistencia chortí. Según algunos historiadores y arqueologos; como el francés Girard, el lugar donde ocurrió la acción se encuentra en Ocotepeque, cerca de la frontera con Guatemala.

Entepica.

El historiador Herrera se refiere varias veces a Entepica o Tapica, señor principal y cacique de la provincia de Cerquín y del pueblo de Piraera. Entepica encargó a Lempira —jefe guerrero lenca de la localidad de Cerquín— organizar la resistencia a la invasión española por la gran fama que tenía de invencible; se hablaba de que él solo había matado a 120 hombres sin recibir una herida.

Lempira.

Su nombre, de origen lenca, significa “Señor de la Sierra”. Entre 1537 y 1538 opuso tenaz resistencia a los conquistadores españoles. La lucha se prolongó por más de seis meses, hasta que el capitán Alonso de Cáceres, según la versión más conocida, lo venció mediante la traición en la comarca de Cerquín, localizada en el departamento que en la actualidad lleva su nombre. Una segunda versión refiere que el héroe indígena murió luchando cuerpo a cuerpo con el soldado español Rodrigo Ruiz. En su homenaja la moneda hondureña es el Lempira.

Toreba.

El cronista Bernal Díaz del Castillo señala a este guerrero como el principal caudillo de una importante zona del litoral norte que lleva también su nombre. Ha sido históricamente aceptado que este bravo aborigen hondureño fue el primero en ofrecer resistencia organizada a los conquistadores que llegaron desde la otra orilla del océano. Si bien a la postre Toreba terminó entregándose a Hernán Cortés, su lucha heroica marca un hito en el capítulo de la sublevación indígena contra la dominación española.

Tomado del Diccionario Enciclopédico Escolar Ilustrado de la Lengua Española y de Hondureñismos editado y dirigido por el: Dr. Ramiro Colindres Ortega. Grupo Editorial Graficentro Editores.

jueves 4 de noviembre de 2010

Las Pastorelas del Padre José Trinidad Reyes

Por: Rómulo E. Durón



Nueve Pastorelas escribió el Padre Reyes:

Noemí; que todas las personas de su tiempo, que le sobreviven, reconocen por la más antigua.

Micol; que según la copia de fecha más remota, que obra en mi poder, fue escrita el 15 de diciembre de 1838. Esta fue dedicada a las señoritas Rafaela y Juana Rovelo, y se estrenó, a lo que recuerdan algunas personas, en 1841, aunque es de presumir que se haya estrenado antes, dada la fecha de su composición.

Neftalia, la que compuso para las señoritas María Antonia e Isidora Reyes, la segunda de las cuales fue escogida para el papel de Séfora.

Zelfa, dedicada a las señoritas Manuela Vega (después de Ugarte); Juana Vásquez (después, de Bonilla); y Maclovia Bonilla (después de Dávila).

Rubenia, dedicada a las mismas personas a quien dedicó Zelfa. En varias representaciones se ha suprimido el acto primero, o sea, las Posadas de José y María, que han creído algunos obra independiente; pero la intervención de estos personajes en el último acto, que también han acostumbrado suprimir, quita toda duda de que las Posadas forman parte de Rubenia. Por lo demás así consta en el manuscrito más antiguo que poseo.

Elisa, que compuso para las señoritas Juana y Jerónima Godoy, se estrenó el 2 de febrero de 1851, día de Candelaria. La señorita Teodora González (despues, de Vigil) y don Juan Ramón Jereda, primeros que la estrenaron, sacaron copia de ella por saberla de memoria: el original quedó en poder de la familia Godoy, y se perdió.

Albano, que dedicó a la señorita Raimunda Milla (después, de Moncada). Refiérese que se iba a estrenar en 1851, pero que se quedó ensayada y no se representó por haberse anunciado que apedrearían a los pastores por las alusiones a ciertos personajes políticos. Otros afirman que, no obstante la amenaza, se dio la representación.

Olimpia, la cual dedicó a la señorita Trinidad Borjas, y se estrenó en 1855. Al representarse por segunda vez, se perdió el original.

Y finalmente Floro, o sea la Pastorela del Diablo, la cual casi no parece del Padre Reyes, tan defectuosa es la copia que de ella se conserva. De ésta, don Miguel R. Ugarte me ha informado que se imprimió en vida del Padre Reyes: ¿se habrá salvado algún ejemplar impreso? ¡Dios lo quiera!

Tomado del libro José Trinidad Reyes: Rubenia, Olimpia. Biblioteca Básica de Cultura Hondureña.

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